El
consumo de carne de pollo en Argentina igualó, y hasta superó en los
últimos años, al de carne vacuna, lo que posiciona a esta proteína como
la elegida en 2026 no solo por precio sino por sus aportes
nutricionales, practicidad y versatilidad.

La
carne de pollo es actualmente una de las más consumidas en el país y en
el mundo. El aumento de consumo, desde hace ya unos años, ha sido
exponencial. Para el año 2000, en Argentina, se consumían alrededor de
20 kilos por habitante por año de pollo. Ya para el 2015, el consumo
aparente se duplicó y se situó alrededor de los 42 kilos. En la
actualidad, y con un récord histórico, se consumen entre 47 y 49 kilos
de pollo por habitante por año. Teniendo en cuenta que el consumo
aparente total de las principales carnes (pollo, vaca y cerdo) es de
alrededor de 115 kilos por habitante por año, el protagonismo de la
carne de pollo en nuestras mesas se torna indiscutible.
Durante
2024, el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas - CEPA, realizó la
tercera edición de un estudio con consumidores que lleva a cabo cada 5
años desde 2014, con el objetivo de identificar los conocimientos,
creencias y necesidades del consumidor. En esta oportunidad, además del
tradicional estudio observacional cualitativo, se sumó una edición
cuantitativa de carácter representativo nacional. Se encuestaron 1000
personas de la mayoría de las provincias argentinas en el rango entre
25-65 años y diferentes niveles socioeconómicos. Los resultados fueron
sumamente enriquecedores. En lo que respecta a la frecuencia de consumo,
el 85% de los encuestados refirió consumir pollo entre 1 y 7 veces por
semana. Dentro de ellos, un 11% manifestó una frecuencia de consumo casi
diaria.
Unos
años atrás, el principal driver de consumo de esta carne era el precio:
el pollo era sinónimo de accesible. A partir de 2019, sin embargo, el
estudio cualitativo reveló que la salud comenzaba a aparecer como motivo
de elección de esta carne en los hogares, y ya no sólo era el factor
económico. En 2024, los motivos por los cuales el consumidor elige en la
actualidad al pollo, se ampliaron: precio (22%), relación
precio-calidad (15%), versatilidad (14%), saludable y nutritivo (12%) y
le gusta a toda la familia (12%). También se apreciaron otros aspectos
como su fácil preparación, su sabor y su practicidad.
La carne de pollo como recurso y solución
La
pandemia por COVID 19, intensificó el cambio de paradigma que comenzaba
en los años previos: la vuelta a la cocina y la elaboración casera de
alimentos, “como lo hacían nuestras abuelas”. Esto se conjuga con la
existencia de un consumidor cada vez más observador y crítico de la
industria alimentaria. La información (o sobreinformación) en redes
sociales e internet, así como diversas corrientes alimentarias, han
hecho que se mire con recelo a los alimentos industrializados. Esto se
potencia con la llegada de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable
o “de etiquetado frontal”, como se conoce popularmente. Como resultado,
el consumidor desafía a la industria, busca alimentos más “reales” y
frescos y, como consecuencia de todo, vuelve a la cocina. Las redes
sociales, en este sentido, se tornan un aliado por la diversidad de
recetas que proporcionan. Las recetas con pollo son elegidas por
influencers, profesionales y gastronómicos, que aprovechan la
versatilidad de esta carne. Sin embargo, se torna necesario trabajar
intensamente en la comunicación responsable y basada en evidencia
científica acerca de alimentos y productos alimenticios, para no
promover mensajes erróneos o mitos alimentarios.

Perfil del consumidor
En
el estudio cualitativo se han identificado distintos perfiles de
consumidores: el hedonista, el práctico, el resolutivo y el dedicado.
El
consumidor hedonista es aquel que busca en sus elaboraciones el placer,
la salud y el disfrute al momento de comer. Por su parte, el práctico
busca evitar un gran esfuerzo al momento de cocinar, sin considerar la
calidad y la salud en mayor medida. El resolutivo, en cambio, cocina
porque “hay qué” pero intenta hacerlo lo más sencillo posible. Y el
dedicado, finalmente, interpreta a la preparación de alimentos como un
acto de entrega a sí mismo y a los otros, a la cocina como una habilidad
y a la elaboración propia como una práctica de alimentación saludable.
Las
investigaciones realizadas han concluido que todos los perfiles de
consumidores detectados se valen de la carne de pollo en sus cocinas.
Una de las principales ventajas destacadas del producto es su
versatilidad, de la mano de su practicidad. El pollo permite
preparaciones muy sencillas y rápidas, pero también platos más
sofisticados. “El pollo no falla”, mencionaban los participantes de los
grupos focales. Y, además, es económico, rendidor y un producto
fresco.
En
el estudio de 2024 el 99% de los encuestados refirió que las milanesas
eran lo más preparado o consumido con pollo. Luego de ello, le siguen en
importancia las pechugas de pollo, la pata muslo y el pollo entero.
Otras preparaciones, también frecuentes, fueron el pollo al horno, los
guisos con pollo, el pollo a la plancha, las empanadas de pollo, el
pollo a la parrilla y las ensaladas y tartas con pollo.
Además,
al consultar por las comidas fuera de casa, casi 4 de cada 10
entrevistados refirieron elegir preparaciones con pollo. Encabezaron la
lista la milanesa de pollo, y se mencionaron también pollo a la
parrilla, empanadas, pechuga a la plancha y salpicón o ensaladas, entre
otros.
¿Qué ventajas se destacaron?
Los
consumidores han destacado, como principales ventajas de la carne de
pollo, las relacionadas con la salud (53%). Entre las primeras: su bajo
contenido de grasas, su aporte proteico, su valor nutritivo y su aporte
de minerales. En segundo lugar, se han mencionado las relacionadas al
precio (26%) y luego las referidas a su cocción o preparación (18%), las
inherentes al producto (12%), las vinculadas a la ingesta (12%) y, por
último, a gustos o hábitos (3%).
La
carne de pollo suele elegirse fresca, en lugar del producto congelado.
Tal es así que un 65% refirió comprarlo fresco para luego congelarlo en
casa. De éstos, un 34% lo compra exclusivamente para freezar. El resto, a
veces lo consume en el momento y luego lo freeza. Esto marca un punto
fundamental: el consumidor, por un lado, desconoce las ventajas de
comprar el producto ya congelado y no parece saber de la existencia de
los productos congelados individualmente o “IQF”. Por otro lado, se
conjugan dos factores adicionales: el valor agregado que pueden tener
estos productos en ocasiones y la desconfianza en la logística y cadena
de frío.
Se
observa una fuerte tendencia a elegir puntos de venta vecinos o de
cercanía, donde el pollo es manipulado por una persona: “el pollero”. El
consumidor confía en el vendedor más que en el envase del producto.
Claramente, esto también se relaciona con la elección del producto “en
su estado más natural” y no en paquetes. Ahora bien, ¿esto es realmente
beneficioso? ¿Cómo se controla el origen del producto? ¿Su fecha de
vencimiento? ¿El establecimiento que lo elabora? Un producto sin envase
pierde la trazabilidad. Es precisamente allí, en el envase del producto,
donde reside la información, y es con esa información que se puede
elegir de forma consciente qué se consume.

El consumidor, ¿está más atento a su salud?
En
los últimos años, de la mano de la creciente cantidad de información
disponible y de la aparición de la Ley de Promoción de Alimentación
Saludable, pareciera ser que aumenta el interés por alimentarse de forma
consciente y saludable. Un 61% de los encuestados refirió la búsqueda
de información de alimentación en internet y un 32% en redes sociales,
lo que no resulta sorprendente. Sin embargo, sí lo fue encontrar que
casi 4 de cada 10 encuestados (37%) consultaba con especialistas sobre
temas de alimentación y nutrición. Esto se observó también en la parte
cualitativa del estudio, en todos los niveles socioeconómicos y etarios
que participaron de los grupos focales.
¿Cómo se posiciona la carne de pollo en una alimentación saludable?
La
carne de pollo es parte de una alimentación saludable. En una porción
de pollo, equivalente a media pechuga o un muslo mediano, se encuentra
casi el 50% de las proteínas de buena calidad que necesita un adulto
promedio en el día. Además, el contenido de grasa es muy escaso (sólo 2 g
de grasa en el caso de la pechuga sin piel y 7g de grasa en la pata
muslo sin piel) y de predominio saludable. Dicha porción aportará
también minerales como el selenio, el zinc, potasio, fósforo y hierro de
buena disponibilidad, principalmente, y vitaminas del complejo B.
Desde
los 6 meses de vida, con el inicio de la alimentación complementaria, y
hasta en las últimas etapas de la vida, la carne de pollo es un
alimento ideal. Sus aportes nutricionales junto con su fácil masticación
y digestibilidad lo hacen un alimento sumamente provechoso. Si a eso se
le suma su versatilidad y su practicidad, tendremos un gran aliado en
nuestra cocina.
Por: Carlos Sinesi, Silvina Campos Carles, Ma. Dolores Fernández Pazos. CEPA/CINCAP.